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Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

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Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Dayanne A. Boussard el Miér Mar 02, 2011 5:57 pm

El día que se presentaba en Leeds era espléndido. Un montón de rayos de sol se habían colado aquella mañana por las rejillas de la persiana del cuarto de la joven Dayanne, haciendo que despertase de un buen humor característico. La energía que le aportaban a la rubia aquellos días tan soleados era verdaderamente extraordinaría, su carisma, ya relevante de por sí, era aún más destacado en los días como hoy.
Afrontó aquella mañana con muchísima energía, se duchó, preparó el desayuno para ella y para su padre, que mantuvieron una interesante charla, y después puso rumbo hacia la universidad.
Dayanne era una chica bastante estudiosa, tenía muchísima facilidad para asumir los conceptos que le enseñaban, y tenía muchísimo poder en la concentración; era prácticamente imposible que una mosca la sacase de su aprendizaje. Sin embargo aquel cielo tan azul, y aquel deslumbrante sol habían conseguido desmotivarla respecto a asistir a las tres siguientes horas de clase que se le presentaban por delante.

Al salir de la última clase antes del descanso, Dayanne fue hasta su taquilla para coger su teléfono móvil y hacer una llamada, una llamada que sería definitva para el futuro de aquella mañana. Seguir en clase y seguir mirando el cielo desde su ventana, o escaparse, por una vez, a cualquier rincón de la ciudad, a pasear, reir, o tomar un refresco con un buen amigo. Joey no puso mucha resistencia ante el plan de la rubia, y aceptó a ser complice de las "pellas" de la joven.
Habían quedado en menos de media hora en la Trafalgar Square, y de allí ya decidirían que planes hacer para aquel bonito día.
Daya se apresuró a recoger lo esencial de su taquilla y puso rumbo hacia la plaza donde había quedado con su amigo, con una sonrisa de oreja a oreja. Algunos compañeros de la joven se sorprendieron de la decisión de ésta, ya que hacer pellas nunca entraba dentro de los planes de la rubia.

Caminó por las calles de la ciudad, casi dando saltos de alegría, caminando a paso ligero, apreciando el brillo especial de las personas que caminaban por la calle a esas horas, como si todos, al despertarse aquella mañana, se hubiesen levantado con la misma energia que la chica. No tardó mucho en llegar al punto donde había quedado con Joey. Él todavía no había llegado; miró el reloj, había llegado al punto en un tiempo récord, y antes de lo acordado con el moreno. Se sentó en un banco a esperar, observando a la gente que pasaba mientras se recogía el pelo en una coleta alta, para sentir mejor la suave brisa que corría chocar contra su delicado cuello. Cerró los ojos por unos instantes sintiendo el leve calor en su piel y sonrió. Después volvió a abrir los ojos y siguió analizando a la gente, mirando de vez en cuando su reloj, impaciente por la llegada de su amigo.
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Joey R. Woolf el Miér Mar 02, 2011 6:38 pm

Hacia un lindo día y eso no había que ponerlo en duda. Sin embargo, Joey ese día se encontraba tirado en la cama. No, espera, se encontraba tirado en aquel frío suelo durmiendo y parecía estar muy ha gusto. ¿Le gustaba dormir en el suelo que en su cama tan blandita? Desde luego que no. Joey no tenía un buen dormir que se diga, ya que se movía mucho en la cama y su sueño no era precisamente tan ligero que se diga. Cuando caía en la cama, caía totalmente rendido, por eso apenas se enteraba de lo que pasaba en la noche. Podían entrar a robar y nuestro querido Joey se encontraba aun dormido, así que esta noche se había movido más de la cuenta que ni se enteró del golpe que se dio contra el suelo. Parecía que nada iba a poder despertarle. No obstante, el móvil empezó a sonar y a sonar… Joey escuchaba aquel sonido tan lejos y con un acto reflejo estiro la mano hacia un lado, al lado donde se suponía que se encontraba aquella mesita de noche y el móvil encima de esta. Sin embargo, se llevo la sorpresa de que no podía topar la mesita de noche, por lo tanto, eso hizo que se confundiera un poco. El móvil dejo de sonar pero Joey ya estaba despierto, mirando que una vez más se encontraba en el suelo. Se levanto, se sacudió la cabeza y por último bostezo. Ahora que ya estaba despierto, tomo el móvil en su mano derecha y vio la llamada de su amiga Dayane. No tardo nada en ver la hora, porque a esta hora la chica debería estar estudiando, pero por si las moscas le devolvería la llamada para saber si necesitaba su ayuda. Se sentó en el borde de la cama para marcarle y hablar con ella. No podía creerse lo que la joven le decía, pensaba que se trataba de una broma o que aun no estaba del todo despierto, porque si bien la conocía sabía que ella no se iba a perder ni un día de clases para hacer pellas, tenía que tener una gran excusa. Por esa razón no se negó y se preparó para ir al lugar donde habían quedado; Trafalgar Square.

Tenía las llaves, el móvil y algo de dinero. Lo tenía todo para salir. Caminó aquel trayecto hasta poder coger el transporte público, porque no iba a recorrer aquel largo camino a pie ni mucho menos iba a llegar a la hora acordaba. Aunque también él temía llegar tarde. De igual manera, sabía que eso era algo inevitable, no era un chico muy puntual que se diga pero eso ella ya lo sabía, añadiendo que su amiga no le dejo mucho margen de tiempo. Tras unos minutos llegó al lugar acordado. Y sin detenerse caminó hasta el punto de encuentro, mientras miraba a su alrededor y ver muchas caras desconocidas hasta divisar una más conocida. Se llevo la mano hasta la barbilla, acariciándosela porque no había ido a la barbería aunque tampoco le incomodaba tenerla en ese momento. Así que no se preocupo y continuó hasta llegar a donde ella. Sin embargo, no se quedo de pie al frente de ella, solo se puso a su espalda y llevo sus manos algo frías a los ojos de la rubia.

-Tengo un recado para la señorita… -Susurró cambiando el tono de voz, porque no quería hacer la típica pregunta que se hacia en estos casos. -
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Dayanne A. Boussard el Miér Mar 02, 2011 7:39 pm

La rubia abrió su carpeta, mientras esperaba a su amigo, ojeando algunos apuntes de la unviersidad. Se quedó pensando en todo lo que se le avecinaba en cuestión de semanas, y eran una cantidad de exámenes. Arrugó la nariz a disgusto con aquel pensamiento que había tratado de estropear su día, y luego movió la cabeza volviendo a guardar aquellos apuntes. Tomó un poco de aire y lo expulsó lentamente volviendo a curvar una media sonrisa en sus carnosos labios.
Se levantó de aquel banco y comenzó a dar pequeños pasos, impaciente, y mirando continuamente a su alrededor, esperando encontrarse alfin con Joey. Sabía que éste era un poco impuntual, y eso a veces la inquietaba ya que ella era todo lo contrario. Sin embargo no solía enfadarse nunca por sus tardanzas, era algo que ya había asimilado.

Se paró frenete a un poste, leyendo distraida un pequeño papel pegado en él, en el que alguien ofrecía una habitación alquilada para estudiantes. Lo leyó con atención soñando con ser la persona que ocupase aquella habitación, aún sabíendo que eso no podría ser posible. La rubia vivía con su padre y dejarle solo podía ser destructivo para él, quién se había apoyado en ella durante años. Pero la joven no dejaba de tener sueños de estudiante, y soñaba con aquella idea de la independencia, conviviendo con personas que llevasen el mismo estilo de vida que ella.
Mientras leía dejando volar su imaginación, sintió como unas grandes manos se posaban sobre sus azules ojos tapándole toda la luz del día e impidiéndole memorizar el número de teléfono de aquel cartel. Al principio se sobresaltó por la repentina sorpresa, pero rápidamente su rostro cambió la expresión, a una inmensa y deslumbrante sonrisa. Sus finas manos se posaron sobre las ásperas y masculinas manos de el chico, anailizando cada mílimetro de ellas.
- ¿Un recado? -Preguntó intrigada a la vez que risueña.- Espero que sea algo bueno. -Dijo antes de apartar con suavidad aquellas manos.

La rubia se dió la vuelta con energía para quedar cara a cara con su amigo, al que no dudó en abrazar fuertemente, alegre por su presencia. Besó sus mejillas con ímpetu y ladeó la cabeza mirándole. -Llegas 10 minutos tarde, señorito. - Dijo la joven dándole golpecitos al reloj. Ella sabía que Joey no iba a darle una respuesta nada convincente, si no que más bien pondría alguna de sus excusas varias; pero la verdad es que le daba bastante igual. - ¿Damos un paseo? -Dijo entusiasmada, mientras agarraba su brazo, comenzando a caminar, sin apenas darle tiempo de responder. Dayanne siempre se había sentido fuertemente atraida por Joey, pero su relación nunca había ido más allá de la amistad, y de algún que otro tonteo, pero ella solía ser bastante insegura en aquellos aspectos, así que decidió no lanzarse nunca a la piscina.
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Joey R. Woolf el Miér Mar 02, 2011 8:24 pm

No opuso resistencia cuando la muchacha aparto sus manos con suavidad, tan solo le regalo una sonrisa mientras asentía, aunque la noticia no era ni buena ni mala, además de que lo hacia para jugar un poco. Nada más. Sin embargo, su amiga no tardo en “lanzarse” a él con un fuerte abrazo que no dudo en corresponderlo al igual que aquellos besos en sus mejillas. Así era ella, con una gran alegría que podía contagiar a cualquier persona. Se llevo las manos a la nuca desviando la mirada al reloj de la joven que le reprochaba otra vez lo impuntual que había sido. ¿Diez minutos? Lo cierto es que se sorprendió ya que pensaba que iba a llegar algo más tarde, pero no fue así.
-Pero he llegado y en menos de lo que esperaba –Ni siquiera intentó excusarse porque al fin y al cabo daba igual, aun así no lo hacia con toda la maldad del mundo, además de que esta vez no tenía la culpa él.

-¿Damos un paseo?


Se lo pensó porque no había desayunado y tenía el estómago algo vacio como para caminar un buen rato. –Me parece bien, así podemos ver donde hay un puesto para comer algo. Aun no he desayunado –Contestó, pero se paró a pensar de que ella puede que haya comido algo así que un tardo en preguntarle- ¿Ya has comido algo esta mañana? –Preguntó antes de emprender la marcha, dejando su mirada posado en aquellos ojos azules, esperando la respuesta. Dayanne era unas de sus buenas amigas que sin duda alguna sentía una atracción por ella. Sin embargo, no había intentado nada, porque para ser sincero él no quería tener nada con nadie, por lo menos eso era lo que quería, estar solo una temporada. Aademás de que no quería destrozar la buena relación que ambos tenían. De igual manera, ahora mismo ellos estaban bien así que preferiría eso. Poco después le entraron un pequeño deseo de fumar pero lo que fumaba era tabaco cuando estaba en la calle, puesto que le gustaba más fumar otras cosas en lugares privados, teniendo en cuenta que fumar algunas sustancia en público es ilegal como también en privado. Buscó la caja de tabaco en los bolsillos del pantalón pero no lo encontró.

-Arg… No puedo creerlo. –Se lamentó haber olvidado el paquete de cigarrillo en la casa. Eso por las prisas. –Con todas las prisas se me olvido el tabaco. –Llevo su dedo índice a la frente de la muchacha para inclinarse después hacia ella. –Y eso te lo debo a ti. –Quitó el dedo y volvió a su posición inicial esbozando una pequeña sonrisa que al final se convirtió en una pequeña risa, que desvaneció al poco tiempo- No, en serio… quería fumar. –Dijo esas palabras mostrando en su rostro una cara de tristeza. Para olvidar aquello empezó a caminar al lado de la muchacha y de esa manera darle conversación para distraerse en aquella caminata.

-¿Qué te ha picado hoy? –Preguntó llevándose una mano al bolsillo de su pantalón, y con esa pregunta se refería al hecho de que ha hecho pellas. Aun le sorprendía aquella acción de la chica y por eso quería saber si había un motivo- Saltarte clases no es lo tuyo. ¿Te pasa algo? –Giro el rostro para verla, reflejando en el la preocupación que tenía por su amiga.
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Dayanne A. Boussard el Miér Mar 02, 2011 8:59 pm

Ignoró aquel comentario del moreno, acerca de su "no puntualidad", seguramente, y de haber sido por él, se hubiese retrasado como mínimo una hora más. Sin embargo, no podía reprocharle nada, si únicamente habían sido diez minutos, era todo un record en él, todo hay que decirlo, así que la rubia decidió interpretarlo como un gran esfuerzo por su parte.
Caminaron escasos pasos antes de que el joven se detuviese, interrumpiendo así, la marcha de la rubia, quien se giró para mirarle y atender su discrepancia con una mueca en los labios. - Por supuesto que he comido algo. Hace más de 4 horas que estoy despierta, ¿sabes? No como otros... -Dijo con cierta gracia.- De todos modos, estás en tu día de suerte, porque pasadas estas 4 horas comienza a picarme el gusanillo, así que podríamos tomarnos algo en la terraza que hay un poco más para alante, ¿te parece, señor hambriento? -Preguntó con rentintín. En el fondo sabía la respuesta a dicha pregunta, ya que él era el principal interesado en desayunar, así que continuó caminando, seguida por el joven.

Mientras caminaban hacia la terraza, el chico comenzó a quejarse mientras se tocaba todos los bolsillos de su pantalón. La rubia le observó esperando una queja y después se carcajeó brevemente, al sentir como plantaba el dedo en la frente, y la culpaba de su despiste. - Con todo lo que has tardado y has olvidado tu vicio. Pues has de saber que me alegro, así no fumas en toda la mañana. Además, ¿verdaderamente te apetece fumarte un cigarrillo con el estómago vacio? Recuerdo a mi madre decirle eso a mi padre; ella lo encontraba asqueroso, y yo personalmente también. -Comentó. La verdad es que ella encontraba asqueroso el tabaco en general, tanto con algo en el estómago como sin nada, era antitabaco, y antidrogas. Lo único que hacia de vez en cuando, era pillarse alguna que otra borrachera; sin embargo no lo tenía como algo habitual, sólo en ocasiones especiales.

Pocos minutos después ambos se encontraban ya en la cafetería indicada anteriormente por la rubia, y tomaron mesa en la terraza; al aire libre para disfrutar de aquel estupendo día. La chica rió brevemente cuando su amigo le preguntó por su repentina idea de saltarse las clases, a tan pocas semanas de los examenes además. Ella encogió sus finos hombros con una amplia sonrisa. - Esque no quería perderme este día encerrada en las aulas. Con esto no quiero decir que vaya a convertirse en una costumbre, simplemente que el día lo requería. -Dijo como si fuese algo totalmente evidente.- Y decidí llamarte para que tú también disfrutases de él, ya que imaginaba, que tú estarías desaprovechándolo durmiendo la mona. -Y volvió a sonreir, mirando a su amigo mientras apoyaba el codo en la mesa. Justo en aquel momento una joven camarera salió para atenderles; ambos pidieron algo de beber y un poco de picoteo, y después la chica volvió a desaparecer dentro de la cafetería a preparar sus pedidos.
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Joey R. Woolf el Miér Mar 02, 2011 9:28 pm

En un principio por la contestación de la chica pensó que tal vez no iba a comer esa mañana o simplemente desayunaría él solo. Por suerte, no es un impulsivo y sabe escuchar. En su rostro se dibujo una sonrisa y poco después negó con la cabeza. –Procura entonces pedir algo con pocas calorías –Dijo con un tono de burla porque siempre las chicas estaban tan pendiente de eso, de que si engordan, esa era la razón por la cual tenían que contar las calorías que comían. Para la suerte de Joey podía comer todo lo que quería ya que no engordaba y no, no era por los porros ni nada parecidos, más bien era por su constitución. –Me parece bien. –Dijo mordiéndose el labio inferior reflejando una sonrisa y por último sobándose la barriga.

Caminaban en dirección al lugar donde su amiga había indicado escuchando ahora la respuesta que le daba. –Te crees tú que no fumaré. –Dijo como si nada.-Tal vez deberías fumar para que entiendas la sensación. Además de que no será la primera vez que lo haga. –Sabía que tenía que dejar aquellos vicios malos, pero pensándolo bien, no había ningún vicio que sea bueno, o tal vez si ¡Quién sabe! La cuestión es que ese era el suyo aunque siempre decía que lo podía dejar cuando quisiera, como todos.

Al llegar aquella terraza antes de sentarse le dijo a su amiga que se esperaba un momento, para ir a comprar su tabaco. Por suerte, había una maquina de tabaco pero pensaba que no tenía que haber ya que si estaban en un parque lo mejor era disfrutar de lo que la naturaleza le daba, aunque ya estaba modificado por las manos del hombre. En fin. Al rato volvió con su paquete de cigarrillo y fue entonces cuando se colocó un cigarrillo en los labios de que carecía de mechero. Así que no tardo en pedir fuego a una chica que también fumaba y había que añadir que la chica no estaba nada mal. Le dio las gracia y volvió con su acompañante para escuchar la respuesta a su pregunta.

-Al final resultó que la niña se desacató. –Dijo con un tono de burla mientras fumaba aquel cigarrillo y dejaba salir el humo poco después. Por suerte la camarera había venido y pidieron algo de comer. –Debo informarte que no desperdiciaba mi día. Simplemente estaba durmiendo para poder rendir en el día. –Se llevó el cigarrillo a los labios- Anoche estaba trabajando en un pequeño articulo. –Se quedo ahí, porque el articulo no era una cosa del otro mundo así que prefirió no comentar de que trataba, pero todos empezaban por donde él estaba, por lo que no se preocupó. -¿Van bien los exámenes? Creo recordar que comentaste que estabas en exámenes. Intenta no saltarte clases por muy buen día que haya. –Le aconsejó. No podía evitar hacerlo-
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Re: Deja que el silencio te susurre otra vez [Joey R. Woolf]

Mensaje por Dayanne A. Boussard el Jue Mar 03, 2011 3:44 pm

Ignorarndo el comentario acerca de las calorías, la chica no dudó en pedir algo consistente, que pronto le trajeron a la mesa. Un bocadillo de bacon con queso, junto con una cocacola. ¿Quién había dicho esa estupidez acerca de medir sus calorias? Dayanne se procupaba por mantener su linea, pero no se privaba de comer todo aquello que le gustaba, ya tuviese muchas o pocas calorias, le daba igual. Ella prefería mantenerse haciendo ejercicio, saliendo a correr pronto los fines de semana, y al atardecer entre semana, siempre que tuviese tiempo. De todos modos el engordar no era algo que le preocupase mucho, ella siempre había sido de constitución delgada, así que de todos modos, no corría muchos riesgos de parecer una bola que rodase por la montaña. Sonrió con orgullo mostrándole a su amigo el pedazo de bocadillo que estaba apunto de ingullir, y le guiñó el ojo, tirando por la borda su comentario anterior.

La idea entusiasta de la rubia acerca de que Joey no fumaría durante toda la mañana, también fue pisoteada, cuando una máquina exprededora de tabaco le dió su dosis de nicotina. El chico la miraba socarrón mientras se encendía su cigarrillo, y expulsaba el humo, creando una leve nuve en el ambiente. Dayanne arrugó la nariz molesta por aquel humo, y agitó la mano para desvanecerlo de su vista. - No quiero ponerme pesada con el tema, pero deberias dejar de fumar Joey. En unos años verás tu salud afectada, y entonces te acordarás de mí.- Dijo la rubia convencida.- Además, ¿cómo se te ocurre recomendarme fumar? Deberías decirme todo lo contrario... "Dayanne, no fumes nunca, no seas tonta, no caigas como yo."- Balbuceó la joven rodando los ojos. Siempre había detestado el tabaco, y era algo que tenía sumamente claro; nunca se engancharía a él, por eso también evitaba el probarlo.

La rubia abrió la lata de cocacola y la echó en su vaso, hasta llenarlo hasta arriba. Después le dio un pequeño trago, y acto seguido cogió su bocadillo lleno de grasas entre sus manos, y le dio un enorme bocado. Mientras masticaba con la boca completamente llena, asentía con la cabeza a lo que su amigo le decía, dándole la razón con sinceridad; era cierto que no debía faltar a clases, pero una vez al año no hace daño. Tragó lentamente con alguna dificultad para poder responder. Bebió cocacola para ayudar a pasar el bocadillo y después tomó algo de aire. - Lo sé. No es que me haya desacatado, esque el día lo requería no crees. Es más, agradeceme haberte desvelado de tus sueños, sinó, no quiero imaginar a las horas que te hubieses despertado. -Dijo con convencimiento. Su amigo solía dormir hasta altas horas, normalemente porque transnochaba, ya fuese trabajando en un artículo, o consumiendo lo que Dayanne tanto odiaba. -Todavía no, comienzo los examenes en un par de semanas. Sé que estas dos semanas son decisivas y no deberia de faltar, pero no te preocupes, lo tengo controlado. -Dijo con una sonrisa fanfarrona. Aunque no decía ninguna mentira, tenía muchísima facilidad de estudio, así que saltarse una clase no iban a hacerla suspender.
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