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Nata & Frambuesa { A U G U S T }

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Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por Ivette Krüger el Miér Mar 02, 2011 5:20 pm

Un suave ronroneo sacó de su ensimismamiento a la castaña, haciendo que ella pestañeara varias veces antes de ubicarse de nuevo. Se había quedado como en trance, pensando en sus cosas, allí sentada en el borde de su cama. Con un jersey blanco y rallas de color beige horizontales. Llevaba el cabello recogido en una trenza mal hecha, y sus piernas delgadas y largas estaban cubiertas por un short de color gris claro. Uno de sus calcetines de rombos, de colores claros, estaba subido al tope, mientras que el otro estaba bajado hasta el tobillo. Su barbilla estaba apoyada en la rodilla de la pierna que tenía subida en el borde de la cama, flexionada. Hope la miraba con ojos saltones, de color verde, esperando a que su dueña le hiciera un mínimo de caso. Ivette bajó la mirada y acarició una de las orejas de su gato, haciendo que este ronroneara de gusto, mientras entrecerraba sus ojos. Una media sonrisa tierna se dibujó en los rosados labios de la joven. Lo cogió en brazos pocos segundos después, para ponérselo encima del estómago al tiempo que se tumbada en la cama, dejando que sus pies tocaran el suelo de madera, el cual crujía un tanto. - ¿Tienes ganas de mimos, gordito? – preguntó en un tono dulce y divertido. Aunque ella le había bautizado con el nombre de “Hope” a su gato, normalmente le solía llamar gordito, cariñosamente. A Hope le agradaba aquél apodo, pues era como si su hocico se transformara en una sonrisa. Hope le respondió con otro ronroneo. Y le acarició el interior de la palma de la mano con su pequeño hocico. Lamiéndole con su áspera lengua. Ivette sonrió de nuevo y le achuchó, aunque sin brusquedad.

Así estuvo quince minutos. Dándole parte de su cariño a su pequeño gato. Le encantaba estar así con él. Podía pasarse horas incluso. Aunque se le había antojado un helado. Así que dejó a Hope encima de la colcha, y salió de su cuarto, bajando las escaleras para ir a la cocina. Donde ella residía se llamaba “The Cottage”, que era como una especie de cada de colonias para los clones. Al parecer todos se habían ido a dar una vuelta o simplemente dormían la siesta, ya que nadie se encontraba en la casa. Abrió el congelador para ver si allí había helado. Pero no encontró. – Que pena… - murmuró chasqueando la lengua contra el paladar. No estaba ni enfadada ni molesta, aunque le hubiera gustado no tener que salir afuera para ir a por helado. Subió corriendo las escaleras agarrándose a la barandilla de madera, y entró de nuevo en su cuarto. Se quitó el short, tirándolo encima de la cama, el cual cayó en la cara del pobre Hope, que salió por patas pegando un chillido propio de los gatos. Abrió el primer cajón de su cómoda de madera pintada de blanco, y cogió unos pitillos vaqueros, claros y algo viejos, poniéndoselos. Se sentó en el borde de un lado de la cama y se puso las zapatillas para salir a la calle, con una chaqueta en mano por si acaso. Antes de salir por la puerta, tuvo que acercarse al aparato que había al lado del marco, para registrar su salida. Colocando la pulsera en el detector. Si, era como un preso en libertad condicional.

Con lo necesario para comprar un helado, comenzó a caminar por las calles de Leeds. Aquél pueblo que se había convertido en una sala de espera de un hospital. Pues eso era provisional hasta que tuvieran que donar alguno de sus órganos a su original. Aquello producía un efecto realmente malo en la castaña, que conseguía ponerla a temblar y todo con tan solo pensar en aquél tema. Aunque parecía que lo iba asumiendo día tras día. Giró la esquina, viéndose a lo lejos el cartel de la heladería a la que solía ir siempre que le apetecía un helado y en casa no había. Llegó a los pocos minutos, y abrió la puerta haciendo sonar el timbre. Una sonrisita apareció en su rostro. Se sentó entonces en uno de los sofás que había al lado del ventanal. Era de esas típicas heladerías americanas de las películas. Donde los amigos se sentaban unos enfrente de otros con una mesa en medio de ellos. La dueña ya la conocía, así que tan solo esperó, mientras dejaba su chaqueta a su lado, y apoyaba los brazos en la mesa, mientras miraba por al ventana. El lugar estaba bastante concurrido. Aunque normal. Pues eran las cinco de la tarde.
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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por August Speltke el Vie Mar 04, 2011 1:51 am

No fue el canto característico del gallo cada mañana la que me despertó. Ya me encontraba con los ojos puestos en mi pulsera metálica incluso antes de que ese animal hubiese graznado. Esa noche no había dormido nada. El vértigo era peor que antes y no había podido siquiera pegar los párpados por más de un minuto, casi me vomitaba encima por el mareo. Tragué un poco notando la garganta seca; carraspeé un tanto sólo logrando lastimar mi ya rasposo gañote. Me senté lentamente para evitar que la sensación de movimiento empeorase y froté con cuidado mi puente nasal. Me sentía un tanto débil y no se debía precisamente a falta de energéticos. Mis pies descalzos se movieron un tanto inquietos por la superficie de madera y mis ojos se dirigieron rápidamente hacia el bastón de descansaba en una silla junto a la cama. No quería usarlo, pero si alguien me veía sin él y me reconocía seguramente una reprimenda vendría después y no tenía ganas de lidiar con ese tipo de cosas. Con una leve exhalación estiré mi brazo y tomé la vara por su mango para luego apoyarlo en el suelo y ayudarme a levantar.

Después de que estuve seguro que nada podría quitarme el equilibrio de manera voluntaria pude comenzar a caminar hacia el armario y escoger lo primero que se me cruzó: una playera negra y unos pantalones de mezclilla cualquiera. Si vestirme no era difícil, lo que más me costaba era peinarme. Rasqué de manera distraída mi barba de tres días y me dirigí al baño con paso lento. Ya me había ocurrido con anterioridad que por creer conocer mi cuarto me había tropezado, así que tenía que tener cuidado. En cuanto entré al pequeño cuarto tomé de inmediato mi barra de gel y un cepillo para comenzar a peinarme. Tenía muy buena memoria, sabía dónde dejaba las cosas, pero al parecer eso ya no era suficiente. Mi cuerpo ganaba batalla contra mi mente. Era como si se burlara de mí, diciéndome que no era dueño de mí mismo... aunque eso ya lo sabía desde hacía tiempo, ¿hacía falta recalcarlo?

El proceso de peinado tardó unos diez minutos a lo mucho, fue hasta que logré el resultado deseado que pude quedar satisfecho. Me miré al espejo y pude notar las bolsas debajo de los ojos. Cada día se acentuaban más... como un muerto viviente. Solté una pequeña risa y negué levemente para salir del baño y después de mi habitación. Miré las escaleras con un tanto de duda. ¿Podría bajarlas bien sin tropezar? Ya ni siquiera sabía eso. Qué estupidez. Tomé la baranda con cuidado mientras tanteaba cada escalón con el bastón. Sólo esperaba que nadie me viese e intentase ayudarme, no quería empezar el día con disgustos. Afortunadamente nadie había salido a esa hora aún y eso me reconfortó. Llegué a la puerta sin problemas y tomé la correa que siempre se encontraba sobre aquel mostrador, sabía que la pequeña perra me recibiría tan pronto saliese; pasé mi pulsera por el aparato de entrada, como de costumbre y salí cuando la puerta se abrió. Un ladrido me hizo voltear hacia un lado y agacharme al instante, sin importarme el horrible sentimiento que ese movimiento tan brusco me ocasionó. Cinnamon se aventó con fuerza hacia mis brazos mientras se retorcía de felicidad y lamía todo lo que podía, incluso el aire, intentando captar aunque fuese un poco de mi piel. Reí un tanto por su frenesí y jugué un poco con ella hasta que se calmó al fin.

¿Vamos por un helado, pequeña? – pregunté y ella ladró.

Seguramente ni sabía de qué le hablaba, pero el hecho de que no me ignorase directamente me hacía sentir mucho mejor. Le mostré la correa por unos segundos y ella se detuvo para permitir que se la colocara. No usaba una horca, como solía llamarles a los collares, sino que un salvavidas, que según yo era un cordel amarrado a su caja torácica y que no le brincaba inconformidad. Cuando al fin le puse el ceñidor entonces fue que comencé a caminar por las calles, recibiendo mil y un halagos por la cachorra, pero miradas de desconcierto debido a mi tercera pierna. No hice mucho caso –o al menos lo intenté– y seguí con mi camino. Un helado estaría bien para iniciar el día. A pesar de que no podía entrar con Cinnamon podía mirarla a través del cristal de la heladería y pedir una pequeña porción en un rompi-vaso –vaso desechable– para ella.

Al llegar frente al establecimiento la amarre a un árbol, sin antes depositar un pequeño beso sobre la cabeza de ella. Le miré unos segundos y entré en el sitio. La típica campana que anuncia un nuevo cliente sonó y la encargada me dio la bienvenida. Sonreí de manera amable y miré alrededor. Todos los asientos junto a la ventana estaban ocupados, pero reconocí a alguien en uno de ellos. Ivette. Tragué levemente y me acerqué a ella con paso lento. No quería tropezar frente a la chica... sería muy embarazoso. Me agradaba su compañía, tal vez más de lo que debía, pero no me atrevía tampoco a dejar de hablarle... no era tan injusto ni malvado como para hacerlo. Me detuve frente a su mesa y me aclaré la garganta para llamar su atención.

Ivy... – comenté y sonreí de medio lado –, todos los lugares están ocupados y quisiera echarle un ojo a Cinnamon, además de que no podría dejarte sola... ¿te importa si te hago compañía? – pregunté rascando levemente mi rostro.

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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por Ivette Krüger el Vie Mar 04, 2011 9:32 pm

Los ojos de la castaña estaban puestos en lo que pasaba fuera de la heladería, como chica curiosa y observadora que solía ser. Apoyó su barbilla en la palma de su mano. Su codo se apoyaba en la mesa, aguantando todo el peso. Mientras que el otro brazo reposaba aun encima de la mesa. Se mordió el labio al ver como una pareja joven se ponía a discutir en medio de la calle. Muchas miradas curiosas se posaban en ellos dos, esperando a que algo fuera de lo normal sucediese. Ivette dejó escapar un pequeño suspiro, mientras seguía mirándoles, hasta que se cansó de aquél espectáculo y decidió mirar hacia otro lugar. Sus ojos verdosos se posaron entonces en la carretera. Desde allí se veían a los coches pasar, con familias, parejas y solteros dentro de ellos. Unos aburridos, otros felices y otros haciendo de las suyas. Unos pasos se acercaron a la mesa que ella estaba. Ivette miró por el rabillo del ojo, y después volvió a mirar hacía la calle, como si no se hubiera percatado de nada. Una voz femenina habló entonces, con mucha educación y amabilidad. – Hola cielo, ¿Lo de siempre? – una sonrisa inocente se dibujó en los labios de la castaña, al tiempo que giraba la cabeza y se ponía derecha en su asiento. Unos orbes azules la miraban desde lo alto. Era Hellen, la jefa del local. La cual conocía desde hacía algunos meses. Era una mujer dulce, severa cuando debía serlo y un amor de persona, la cual todos adoraban. Siempre tenía una sonrisa tierna en los labios. Su segundo nombre era calma. Pues era lo que transmitía la mayor parte del tiempo. Ivette se sentía verdaderamente a gusto en aquella heladería, ya que sentía como si aquel lugar fuera su segunda residencia. Ya fuera por el ambiente, por los que allí trabajaban, o por los ricos helados que hacían. O tal vez por todo en conjunto.

-Sí, gracias Hellen – dijo la castaña respondiendo a la pregunta de la mujer, al mismo tiempo que asentía con la cabeza al decir el “Si”. Los ojos de Ivette eran como dos finas líneas. La sonrisa que ella tenía en esos momentos era como la de los dibujos animados cuando sonríen. De lo más graciosa y tierna. Hellen le guiñó un ojo, y se giró para ir tras la barra del local, y comenzar a preparar el helado de nata y frambuesa, con virutas de chocolate por encima, que siempre pedía Ivette cuando iba allí a tomar helado. Cierto que no siempre, siempre, tomaba lo mismo. Había veces en que le apetecía otra cosa. Por ejemplo un batido de mango, o de platano con fresa… depende. Aunque si, normalmente comía helado, y de ese sabor. O mejor dicho, de esos sabores. Volvió de nuevo a girar el rostro, y a apoyar la barbilla en la palma de su mano, mirando nuevamente por el ventanal. Justo cuando ella miraba de nuevo, alguien entró en la heladería, haciendo sonar la campanita al abrir la puerta. Ivette no se giró. Aunque si lo hubiera hecho, seguramente se habría medio sorprendido de encontrar a August allí. Él si la vio, y por eso se acercó a ella. Dejando a Cinnamon, su perrita, fuera. Ivette adoraba a aquella perrita. Tanto como a Hope, me atrevería a decir.

Aquella mirada ausente que estaba posada fuera en la calle, pronto cambio, a una de más viva con tan solo oír su voz. Primero abrió los ojos, y se giró enseguida, dejando caer su brazo encima de la mesa, junto al otro. Una sonrisa de felicidad apareció en su rostro. – ¡August! – exclamó sin llamar demasiado la atención. Pero lo justo para que August notara lo alegre que se ponía al verle. – Por supuesto que sí, te estaba esperando – dijo entrecerrando los ojos mientras sonreía misteriosamente. Luego cambió el gesto, y soltó una risita divertida. – En realidad no, porque no sabía que ibas a venir, obviamente, aun así me alegro de que estés aquí – asintió enérgicamente. Lo adoraba. Era como el hermano mayor que nunca tuvo. Y ahora se sentía mucho mejor al tenerle con ella. - ¿Qué tal todo? Yo ya pedí mi helado, aunque Hellen no creo que tarde en traerlo – dijo echando un rápido vistazo a la barra, posándola en su amigo de nuevo. Ivette era una chica de lo más tímida. Pero estando en confianza era de lo más parlanchina. Entonces reparó en algo. - ¿Y Cinnamon? -.
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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por August Speltke el Sáb Mar 05, 2011 3:22 pm

Una sensación extraña y un tanto diferente me embargó al escuchar mi nombre salir de sus labios. Una media sonrisa se dibujó en mis propios morros y le escuché hablar rápidamente. Abrí la boca para intentar responder, pero no me dio tiempo cuando ya se encontraba hablándome de nuevo. Coloqué mi mano hecha puño frente a mis labios y tosí un poco para evitar reír ante su repentina verborrea. Cuando pensé que por fin había dejado de soltar sus comentarios volví a intentar charlar, pero ella interrumpió de nuevo y entonces no pude evitar soltar una risotada. Negué levemente con la cabeza y me senté en el asiento libre que se encontraba frente a ella. Miré hacia fuera y mis ojos se posaron en Cinnamon que estaba siendo acariciada por un grupo de chicas. Señalé con el rostro hacia el sitio y sonreí.

Está donde siempre – comenté y le miré. Coloqué mi rostro sobre mis manos y posé mis ojos sobre ella –, ¿pediste lo de siempre, Ivy? – pregunté con un tono de voz bastante quedo y cariñoso.

Sabía bastante bien lo que le gustaba y lo que siempre pedía en ese lugar. No era un acosador ni nada por el estilo, sino que solía darme cuenta de muchas cosas y no dejaba de lado absolutamente nada ya que todo podía decir algo sobre la persona en cuestión. Alejé mi vista de Ivette ya que no quería ponerle nerviosa por observarla tanto tiempo y ahora miré a Hellen quien trabajaba detrás de la pequeña barra de helados. Miré a un niño correr desde su mesa hacia el lugar para pedir más helado y desee ser ese chiquillo y poder correr libremente hacia allí, pero me era imposible. Mi bastón descansaba ahora sobre mis piernas en el sillón. Moví un poco la pierna como señal de nerviosismo, pero en realidad era porque los doctores me habían aconsejado no dejar de menear mis pies ni mis manos ya que de esa forma podía ejercitar. El escribir también me ayudaba, pero poco a poco mi letra empeoraba y a veces hasta se me resbalaba la pluma de los dedos. Suspiré un tanto, intentando alejar aquellos pensamientos y regresé mi vista a Ivy.

¿Cómo está Hope? – pregunté de manera casual mientras volvía a rascar de manera inconsciente mi barba –. Hace tiempo que no la voy a visitar – y en realidad no quería causar demasiados problemas –. Y tú, Ivy... ¿estás bien? – carraspeé un tanto, apenado, como si esa pregunta fuera la de un millón.

Si normalmente me sentía torpe cuando hablaba con la gente, con Ivy eso se multiplicaba. Aparte no quería mostrarme especialmente estúpido debido a lo que mi enfermedad me provocaba, así que tenía que tener especial cuidado y por eso solía estar demasiado alerta. Mi pulso se aceleraba a tal grado que podía sentirlo en mis manos y a veces en mi cuello. Tenía la fortuna de no ser de fácil sonrojo, pero aun así se sentía un tanto extraño. Ya había tenido momentos así, pero no por eso llegaba a acostumbrarme de esa sensación. Me gustaba estar con ella, pero al mismo tiempo quería alejarme. El miedo de que me llegase a odiar era mucho más fuerte que aquél por llegar a sentir algo más por ella, y era por eso que prefería mantenerme ahí, esperando ser lo suficientemente fuerte como para evitar lo inevitable.

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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por Ivette Krüger el Sáb Mar 05, 2011 5:39 pm

Cuando preguntó aquello se dio cuenta de que la había formulado mal. Pues sabía que Cinnamon no podía entrar allí. Ni ella, ni ningún animal. Aunque bueno, aquello era relativo, pues en la Heladería entraban muchos animales últimamente. De esos que van andando con dos patas y por desgracia hablan. Si, jóvenes que entran hablando con un tono de voz demasiado alto para gusto de los clientes de allí, y dando porrazos a diestro y siniestro como si el local fuera de ellos y no hubiera nadie más allí. Hellen se ponía nerviosa cuando alguien así entraba, pero intentaba ponerse seria y servirles con la mejor de sus sonrisas. Pero si osaban molestar a alguno de sus clientes, Hellen se ponía dura con ellos, y los echaba a patadas de allí si hacía falta. Con ayuda de su sobrino que a veces pululaba por allí para gorrear los helados de su tía. Aquél chico media metro noventa y tres, y era como un armario de ancho. Era una verdadera bestia. A la castaña le hacía su gracia, pues en realidad era un trozo de pan, por muy mal genio que tuviera con la gente que no conocía (Siempre y cuando le tocaran lo que no sonaba.) o por su aspecto de serio. Al principio le daba un poco de miedo, pero luego cuando Hellen los presentó, se hicieron bastante amigos. Él la protegía y ella le daba cariño y le ponía algo nervioso cuando le sonreía de aquella forma tan tierna, característica de ella.

Ivette producía cierto nerviosismo en algunas personas cercanas a ella. Como lo era en el caso de August. Sí, a él también solía ponerle nervioso, pero ella como siempre, no se enteraba de nada. Por eso no le importaba cogerle de la mano, o acariciarle la mejilla con dulzura. Para ella no significaba lo mismo que para él. Aunque por alguna razón, Ivette comenzaba a ponerse un tanto nerviosa cuando él la abrazaba o algo parecido, y no comprendía el porqué. No lo comprendía.

Asintió con una sonrisa jovial en el rostro, mirándole. – Si, es que no puedo resistirme a no pedir un helado de nata y frambuesa – dijo casi babeando. Tan solo pensar en el helado que se iba a zampar en breves, se le hacía la boca agua. Ivette se preocupaba por él. Por eso no le hizo ninguna gracia aquella tos que le vino, antes de que formulara la pregunta. Pero claro, tampoco quería que él se sintiera violento hablando de aquello, así que no dijo nada. Ojalá ella pudiera ayudarle. Ojalá. Se perdió un poco en sus pensamientos, hasta que él volvió a preguntar y centró toda su atención en su amigo, como antes. – Bien, más gordo que de costumbre, pues en casa le miman mucho, ya sabes… es el bebé de todas – dijo mordiéndose el labio inferior con suavidad, mientras sonreía risueña. – pero está como siempre, seguramente echando de menos a Cinnamon -. Era un tanto extraño, pero las dos mascotas de ellos, sentían cierta atracción. Al igual que sus dueños. Cuando Cinnamon entraba por la puerta del cuarto de Ivette, Hope se ponía más feliz que unas pascuas, y se acercaba a la perrita para lamerle el morrito. Eran adorables juntos. Su rostro cambió un poco. En sus ojos se denotaba tristeza. – ¿Eh…? Sí, claro, ¿Por qué no iba a estarlo? – dijo intentando evadir el tema. Ese tema que tanto le hacía mal.

Aunque era inútil esconderle nada a él. Ambos se conocían bastante como para saber cuándo uno estaba triste, aburrido o lleno de felicidad, aunque el otro intentara esconderlo. Lo que ninguno de los dos sabía, es que ambos sentían algo más que amistad. Eso parecía habérseles escapado de las manos. Echó una mirada a Cinnamon, y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa dulce al mirar lo feliz que estaba al ser acariciada por aquél grupito de chicas.
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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por August Speltke el Lun Mar 07, 2011 2:23 pm

Lo único que acerté a hacer cuando respondió fue sonreír de manera amable y un tanto comprensiva. Yo ahora no estaba muy seguro de qué era lo que comería yo mismo. Anteriormente pensaba sólo pedir una malteada y terminarla rápidamente para ir al parque con Cinnamon, pero mis planes tuvieron que cambiar al instante en que me percaté de la presencia de la chica. No la iba a dejar sola, jamás... Cinnamon podía aguantar un poco allá afuera. Incluso podía invitar a Ivette a pasear con nosotros un rato, sería divertido. "... como siempre, seguramente echando de menos a Cinnamon". Mi reacción fue parpadear un par de veces. Demonios... me había sumergido en mis pensamientos y no había escuchado todo lo que había dicho. Tragué un tanto y reí un poco nervioso mientras rascaba mi nuca de manera casual.

Sí... y seguro que ella también le extraña – contesté esperando no echar todo a perder con mi falta de concentración. A veces me pasaba eso cuando estaba con ella, causaba algo extraño en mí. Entonces noté la caída de su ánimo... eh, algo andaba mal –. ¿Pasa algo, Ivy? – pregunté un tanto preocupado.

Era extraño que ella se pusiera así y me preocupaba bastante, no me gustaba verla triste por ningún motivo. Aquella chica que sólo lograba arrancar sonrisas de sus acompañantes no podía dejar que la sombra de la tristeza jugase con sus hermosas facciones. Fruncí los labios y miré alrededor. Tal vez no quisiera charlar sobre ello ahí y lo que tenía que hacer era subirle los ánimos aunque no supiera muy bien cómo hacerlo. Miré mis manos por unos instantes, dubitativo sobre lo que debía hacer y lo que deseaba lograr. Mordí mi labio superior con un tanto de insistencia y nerviosismo; miré entonces a Ivette a los ojos y estiré una mano, un tanto tembloroso y la coloqué sobre una de las suyas.

Sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto, Ivette? – le hablé con una seriedad inusual. De verdad deseaba ayudarla a como diera lugar, le apreciaba demasiado y mi cariño hacia ella era infinito –. Si algo te molesta y puedo hacer algo para apaciguarlo... entonces pídemelo. Sin importar lo que sea, ¿de acuerdo? – mis ojos no se apartaron de los suyos aunque eso provocase una extraña revoltura en mi estómago.

Y entonces alejé mi mano, con un tanto de lentitud, negándome casi a terminar el tacto de su suave mano con la mía más áspera. Mis dientes volvieron a roer el interior de mi boca, pero ahora mi labio inferior fue su principal objetivo. Miré por sobre la mesa y entonces sonreí un tanto; tomé una servilleta de papel y comencé a doblarla. Mis manos no respondían como yo deseaba y mi entrecejo se arrugaba cada vez más, mi paciencia se iba agotando. Un pequeño hormigueo se situó sobre las yemas de mis dedos, debido a la frustración y al esfuerzo ejercido. Y entonces terminé lo que quería hacer. Una flor hecha de papel desechable ostentaba sobre la superficie brillosa. Incliné un tanto el rostro y arrugué el puente nasal, algo molesto e inconforme con el resultado.

Es horrible, ¿cierto? – reí, tímido y rasqué un lado de mi nariz, cerrando un ojo para evitar meter un dedo en él y lastimarme –. No, mejor lo tiro e intento de nuevo – estiré mi mano para tomar el pequeño 'regalo' hacia la chica. Mi intención era la de destruirlo sin más. Me sentía como un estúpido, de nuevo imposibilitado por mi estúpida enfermedad.

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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por Ivette Krüger el Lun Mar 07, 2011 2:56 pm

Oh, oh. Se había dado cuenta de algo, e Ivette tenía que taparlo como fuera. No quería dar pena, no era de las que se ponían a contar sus penas a los demás para llamar la atención, como lo hacían algunos, por mucho que la persona que le estuviera escuchando fuera de confianza. Se encogió de hombros ligeramente y negó con la cabeza. – No es nada… de verdad – dijo esbozando una pequeña sonrisa, para intentar así que su amigo no se preocupara más. Era verdad que últimamente pensaba demasiado en todo el tema de las donaciones, pues Casey necesitaba un trasplante ya. Así que ella pronto estaría en una sala de quirófano, tumbada en una camilla, con mil cosas en su cuerpo, y gente alrededor suyo. Tan solo pensarlo un escalofrío recorría su columna vertebral. Pero si era algo. Aquél tema lo sufrían él y ella. ¿Por qué no enfrentarse a él de una vez por todas? Porque la castaña no era fuerte para hablar sobre ello. Era débil y por eso no podía hablar de aquél tema sin echar alguna que otra lagrima. Así que por eso intentaba evadirlo siempre. Para ella era lo mejor. Aunque no fuera así. Pero Ivette prefería evadirlo, dejarlo a un lado, hasta que el gran momento llegase. ¿Qué tal vez lo estaba haciendo mal? Sí. Pero prefería hacerlo mal que enfrentarse al problema.

Un leve sonrojo cubrió las mejillas de la castaña, cuando el joven posó sus ojos en los de ella. Pero no apartó la mirada tampoco. Solo la desvió un momento hasta su mano. La cual estaba protegida por la de él. Aquella sensación de calidez fue bonita, y sintió como todos los problemas se iban. Pero a la vez un cosquilleo en su estómago hizo acto de presencia. Él retiró la mano entonces, y su abdomen se relajó un poco. Aunque hubiera preferido haberse quedado así un poco más. Aparte de que le gustaba, también se sentía reconfortada con aquellos pequeños gestos cariñosos. ¿Así que, porque no poder disfrutar un poco de ellos? – Lo sé August… y lo mismo digo, cualquier cosa yo estoy aquí también – asistió una sola vez, y sonrío con ternura. El momento era un tanto dramático e incluso algo empalagoso para algunos presentes allí, que habían decidido echar un vistazo porque se aburrían. Pero para Ivette, aquél momento era mágico, y no se cansaba de ello. Arrugó un poco el ceño, mirando como las manos de él cogían un trozo de papel, y comenzaban a hacer algo, con algo de dificultad. De ahí, salió una flor de papel. Se llevó una mano a sus labios, tapándolos, mientras miraba maravillada aquella obra de arte. Pues para ella lo era. Da igual si se encontraba un dibujo de un niño de tres años, que apenas podía apreciarse nada, para ella era algo muy bonito y emotivo, así que aquella flor de papel, le trasmitía lo mismo.

Al ver lo que se proponía hacer con aquél detalle, Ivette abrió un poco los ojos, haciendo que sus orbes verdosos se redondearan un poco más de lo habitual, y enseguida alargó la mano con rapidez para posarla en la de August en un intento de detenerlo. - ¡No! – exclamó negando rápidamente con la cabeza. Su mirada pasó de la flor de papel, a los ojos de él, posándose en ellos, mientras sus incisivos mordían su labio más grueso, el inferior. – No… me encanta – dijo esbozando una pequeña sonrisa tierna. – Es preciosa, gracias… - dijo en un tono cálido, apretando ligeramente la mano de él. Al darse cuenta del contacto de su piel con la del muchacho, la separó de la de él con lentitud, como antes él había hecho. Cogió con delicadeza la flor de papel, y como pudo, se la puso en su cabello. Con algo de dificultad, pues esta se resbalada por sus mechones castaños, deslizándose hacia abajo, para tocar las puntas, un tanto abiertas. -¿Me queda bien? – preguntó dibujando una sonrisa amplia en su rostro.

Fue justo en aquél momento cuando Hellen vino con el helado. Era bastante grande. Ivette no iba a podérselo comer todo entero. Así que miró el helado, ahora encima de la mesa, y luego a August. – Espera Hellen… - dijo rápidamente cuando ella se disponía a preguntarle a August que iba a querer. - ¿Quieres compartirlo? No creo que me quepa todo – dijo encogiéndose ligeramente de hombros, y mirando a August con un gesto culpable. No quería que él se sintiera obligado, pero le daba pena tirar la mitad del helado, y más cuando Hellen lo había preparado con tanto amor para ella.
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Re: Nata & Frambuesa { A U G U S T }

Mensaje por August Speltke el Mar Mar 08, 2011 2:03 am

Sentí cómo un tanto de calor subía a mis mejillas cuando tomó mi mano. Afortunadamente no era de fácil sonrojo y no solía notarse aquello, pero la sensación seguía ahí. Asentí levemente y bajé mis manos hacia la superficie de la mesa, entrelazando los dedos. Mi mirada se desvió hacia el ventanal más por costumbre que por preocupación hacia Cinnamon. La pequeña perra estaba acostada mientras mordía la correa de manera insistente, seguramente deseaba deshacerse del agarre que ésta imponía sobre ella. No me podría imaginar cómo sería que ella lograse zafarse de eso. Estaba casi seguro de que no podría detenerla; no podía correr y, por ende, jamás la alcanzaría. Exhalé con un tanto más de ahínco por la nariz, en un intento de suspiro y al escuchar a Ivy hablar le miré rápidamente. Desvié mi vista hacia Hellen y le sonreí de manera amable.

Si estás segura de que no te lo terminarás, entonces ayudaré – respondí mientras asentía lentamente –. ¿Nos podrías traer otra cuchara, Hellen? – pregunté con la afabilidad de siempre y ella sonrió a manera de entendimiento y se alejó.

Comencé a masajear la palma de mi mano izquierda con la derecha. Los doctores me habían dicho que era importante estimular los receptores de la piel para que estuvieran despiertos el mayor tiempo posible... aunque yo no le veía mucho objetivo a eso; tan sólo me limitaba a hacer lo que me decían, como un robot. Una leve risa me hizo voltear hacia el lugar de que provenía: una pareja. No parecía que llevasen mucho tiempo juntos ya que ella estaba demasiado sonrojada y el chico parecía lucirse frente a ella. El joven despedía seguridad por todos los poros, tanto que hasta a mí me hacía sentir un tanto pequeño. Regresé entonces mis ojos a Ivette. ¿Qué tipo de chicos le gustarían a ella? Seguramente del tipo que solían ser capaces de proteger a su chica sin importar nada. Al fin y al cabo el hombre es el que tiene toda la pinta de ser la bestia de la relación, mientras que la mujer es la dulzura y la atracción. ¿Podría Ivy fijarse en alguien como yo?

Apreté la mandíbula y bajé mi mirada hacia mi mano que ya se sentía un tanto dormida por la presión que ejercía en ella. La palma se tornaba blanca y luego rosada debido a que cuando apretaba evitaba el flujo de sangre llegar a la misma. Me avergoncé de inmediato de mis pensamientos y por un instante desee irme de ahí para evitar seguir sintiendo aquello. Empujé un poco el labio inferior y luego suspiré de manera poco sonora, esperando que Ivette no se diera cuenta de que algo me inquietaba. No deseaba que supiera que causaba ese efecto en mí. Estaba casi seguro que si se lo hacía saber ya no me trataría de la misma forma y eso era lo que menos quería, además de que era preferible no empeorar las cosas. Al fin y al cabo una relación es para disfrutarse y con alguien como yo, en ese estado, ¿quién podría posiblemente pasarla bien? Debería ser terrible pasear por las calles con un novio que usa bastón y que puede tropezar con un escalón aun cuando conoce muy bien la altura del mismo. Qué idiotez... despierta ya August. Por primera vez me prohibía imaginar y eso se me hacía algo difícil. Me aclaré la garganta y miré el puente nasal de Ivy para evitar enfocar la mirada en sus ojos ya que me pondría seguramente más inquieto.

¿Te gustan los poemas, Ivy? – pregunté. Su nombre lo pronuncié con especial cuidado. Tal vez le llamaba mucho por él, pero me agradaba cómo se escuchaba entre mis labios –. Si es así... – no, no podía mostrarle mis escritos... sería demasiado embarazoso –, conozco algunos libros muy buenos... – gruñí por lo bajo, por lo tonto que parecía la charla –. Y también hay muchos rompecabezas que me... – mi lengua se trabó un tanto y tuve que mordérmela para intentar que esta vez funcionara –, que me gustaría armar... si te agradan podríamos intentar hacer uno... juntos – lo último lo susurré.

Volví a masajear mi puente nasal. ¿Qué pasaba conmigo? Bueno, nunca había sido bueno con las charlas, pero seguro la había dejado un tanto confundida por el cambio repentino de temas y mi falta de control sobre el habla. Me trababa constantemente y a veces parecía un estúpido. Me desesperaba demasiado mi condición y mucho más si alguien como Ivette me miraban en ese estado... me sentía inútil y no creía ser una buena compañía. Volví a mirar a la pareja, el chico acariciaba la mejilla de ella mientras la chica reía como tonta, enamorada. ¿Cómo hubiese sido nacer con ese tipo de personalidad? Vaya... mi enfermedad había hecho que mi autoestima –que no era mala– cayese en picada hacia el suelo.

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Its loveliness increases; it will never
Pass into nothingness; but still will keep
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