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Harlow Eléa Hadley.

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Harlow Eléa Hadley.

Mensaje por Harlow E. Hadley el Mar Mar 01, 2011 1:29 am

HARLOW ELÉA HADLEY McGUINNESS

''Being drunk doesn't change who you are, it just reveals it.''



·DATOS PERSONALES·

Nombres: Harlow Eléa.
Apellidos: Hadley. McGuinness de soltera.
Apodo: Harlow McGorgeous. Punto.
Fecha de nacimiento: 24/01/1984 {veintisiete años}.
Grupo al que pertenece: Científicos.
¿Cuál es su cargo?: Médico.


·ASPECTOS·

Descripción Física:
Olivia Fuckin'Wilde:
Descripción Psicológica:
Complicada. Con todas las letras. Complicada en mayúsculas, negrita, cursiva y subrayada también. Harlow es complicada, en todos los sentidos habidos y por haber. Complicada de entender, complicada de seguir, complicada de aguantar, complicada de tener en tu vida. Complicada. De carácter fuerte; brusca e hiriente en demasiadas ocasiones, quizás. No gusta de andarse con rodeos, no dulcifica lo que quiera que vaya a decirte. Lo suelta sin pensárselo dos veces, prefiere no perder el tiempo ni hacértelo perder a ti tampoco. La verdad es algo que nadie quiere escuchar y que te hace perder amistades y apoyos, sí, es cierto, pero eso nunca ha conseguido que se mordiese la lengua para hacerse callar. Ni con sus pacientes, ni con gente de su entorno familiar a la que, cómo mínimo, debe de apreciar, y mucho menos con los engendros que ahora le dan de comer; no tiene filtros. Todo lo dice, traiga las consecuencias que traiga. Seas su superior, su madre, su hermano o su marido. Seas quien sea, no le quita el sueño. Lo dice cuando debe y cuando no debe también. Lo dice como debe de decirlo y como no debe también. La mentira puede correr un año pero, en un segundo, la verdad le alcanza. Entonces, ¿para qué molestarse en pintar de rosa las cosas que son claramente negras? Si bien no quiere que le mientan, ella tampoco lo hará por mucho que la verdad duela.

Presume de no tener miedo en la mirada, y aunque lo tuviese tampoco permitiría que lo supieses. No se permite temerle a nada ni a nadie, mucho menos permitiría que una segunda persona se percate de que tiembla como una niña que teme a la oscuridad de su habitación. No le gusta sentirse pequeña. No le gusta mostrarse vulnerable. Los puntos débiles solo existen para ser atacados. ¿Que descubres alguno de los suyos? Tampoco pasará nada, no te va a dar un guantazo o a apuntarte en su lista negra, pero sí se andará con ojo y entonces será cuando empezará a mentir, a mentirte para conservar su coraza de chica dura. Pero da igual cuanto empeño ponga en decirte algo que no es cierto; bastará con que la mires a los ojos para darte cuenta de si miente o no miente. Es expresiva en exceso, sus ojos lo son. Muy a su pesar. La delatan siempre; las mentiras tienen patas muy cortas y con ella las tiene más cortas todavía. Se le notará si está alegre, triste, ofuscada o sorprendida. Si miente o si no miente también. Sólo tienes que escuchar lo que sus ojos azules te dicen a voz en grito. Si dice que no pasa nada, seguramente pase algo pero por un motivo u otro no piensa decirlo en voz alta delante de nadie. Sus problemas y su vida privada son única y exclusivamente asunto suyo, no piensa airear sus problemas con nadie, a no ser que seas su almohada. No te metas, no opines, no des consejos tampoco. Limítate a no preguntar más de lo debido si no quieres que te mande a donde Cristo perdió la alpargata. Déjala si te dice que la dejes. Vete si te pide porfavor que te vayas. Cállate si te dice que te calles. Si dice que aquello de allá es blanco, probablemente al acercarse lo verá de otro color pero ni siquiera se inmutará, y mucho menos rectificará o reconocerá su error. Ella nunca se equivoca, el resto sí lo hace. Constantemente. Todos meten la pata menos ella; todo lo que hace ella está bien, y todo lo que dice está bien también, siempre, o al menos bajo su punto de vista, claro está. Doña Perfecta puede cuestionar todo lo que digan o hagan los demás, pero no permite que nadie la cuestione a ella. Nunca.
-Así da gusto amanecer en el hospital.-
-La muchacha de ojos claros permanece en silencio mientras coloca una nueva bolsa de suero-
-¿Me va a decir ya si está casada? ¿Divorciada quizás?
-....-
-¿Entonces me va a alegrar la mañana diciéndome que está soltera, doctora McGuinness?-
-No. Pero si sigue hablando, me encargaré personalmente de hacerle una prueba rectal. ¿Le parece bien?-
-....-
-Sí. Eso mismo estaba pensando yo.
Conocidos muchos, pero amigos más bien pocos; la sinceridad hoy en día no está de moda y pasa factura. ¿Una prueba fehaciente de ello? La relación que actualmente mantiene con su marido. Un desastre en todos los sentidos. Ella a la hora de mantener una relación, como la relación en sí; se hablan por pura cortesía, educación. Pero se avergüenzan cada vez que se miran a la cara. La sinceridad de ambos les permitió el poder disfrutar de mantener relaciones extramatrimoniales; nada de ataduras para ninguno de los dos. No saben atarla; al menos él no supo como hacerlo. Le gusta sentirse libre, no tener que dar explicaciones a nadie, sí, pero, a veces, reconoce que le hubiese gustado sentirse querida aunque eso significara sentirse asfixiada también. Necesita que la quieran y poder querer sin miedo a que esa persona se aproveche de ello. Los puntos débiles solo existen para ser atacados. No propaga sus sentimientos pregonándolos a los cuatro vientos. Ni sus temores, ni sus sentimientos, ni cualquier otra cosa; todo se lo guarda para ella, no hay mejor lugar para sus cosas que su cabeza. Ahí nadie lee. Nadie mira. Nadie escucha. Nadie hurga y, por tanto, nadie sabe. Mostrarse vulnerable ante alguien, hablar más de la cuenta no es algo que haga con bastante frecuencia -por no decir que nunca lo hace-, a no ser que te llames Ivy de apellido Hadley y no llegues al metro de altura.

Con ella no existen las corazas, ni malas contestaciones, ni sarcasmos. Con ella no hay miedos; con ella no teme ser como realmente es. Con ella no le importa reir o llorar. Con ella no le importa parecer una niña de su misma edad, de tener miedo y dejar que duerma a su lado, aprovechando la excusa de la niña y el supuesto dragón que vive bajo su cama. Ternura. Cariño. Amor. Ver a Harlow con su hija es la prueba del algodón. Escúchala reir o escúchala cuando le lee un cuento antes de acostarse. Obsérvala cuando la arropa o cuando besa su frente para darle las buenas noches. Entonces la conocerás, antes no. No es de hielo aunque trate de parecerlo. El hielo se derrite, como ella cuando llega a casa. Ríe y llora. Se hace la valiente pero teme como la que más. En casa tiene miedo, fuera no. En casa siente pena por los que ahora son sus pacientes, fuera tal parece ser que no. Cuando se siente segura, es ella... cuando no se siente así, no lo es.

·BIOGRAFIA·
Harlow no tiene una historia digna de una novela de ciencia ficción o de culebrón venezolano. Su vida ha sido tan normal como la tuya o como la mía propia. Ni traumas infantiles, ni de ningún tipo. Nació a finales del mes de Enero en un hospital privado de la ciudad de Michigan; hospital donde años más tarde haría sus primeras prácticas de medicina y donde trabajaría durante algunos años. Tenía un padre sobre protector, una madre que la quería con locura, dos hermanos menores con los que pelearse día sí y día también, abuelos en la otra punta del país a los que veía sólo en contadas ocasiones -navidades, cumpleaños- y un perro callejero que acogió cuando fue lo suficientemente mayor como para ir ella sola al parque. Nada fuera de lo normal; una familia como otra cualquiera. Fue la primera en iluminarle los ojos al matrimonio McGuinnesss con su nacimiento, con sus primeros pasos, con su primera palabra, y eso significó el poder llevar la batuta en casa cuando sus hermanos llegaron a ésta. Ella mandaba y sus hermanos obedecían; ella era el coronel y sus hermanos simples soldados que debían de obedecer cualquier orden que ella les diese. Hubo más de un intento de golpe de estado, sí, pero nunca consiguieron destronar a la reina de la casa.

Bailarina profesional cuando contaba con cinco años, pianista cuando tenía nueve, pero siempre supo que quería seguir los pasos de sus padres, ambos licenciados en medicina. Salvar vidas, vestir con bata blanca y lucir el estetoscopio en el cuello. Colegios privados, universidad privada, y tras años de estudio, de hincar codos y de salir menos de lo que debía de haber hecho cuando tuvo tiempo de poder hacerlo, le valieron la pena cuando finalmente vio su nombre en el título que le abría las puertas del hospital que la vió nacer. Durante años había sembrado, y ahora le tocaba recoger; no le importó haberse perdido mil y una juergas; no le importó perderse el estreno de aquella película o no poder haber ido a aquel concierto al que tantas ganas tenía de acudir. Ni se hizo piercings, ni tatuajes -que fueran visibles-, ni rastas en señal de rebeldía. Salía de la universidad con el título bajo el brazo y, además, casada con quien parecía ser su media naranja. Cinco años tuvieron que pasar desde que contrajeron matrimonio en una capilla de Las Vegas para que ambos decidiesen tomarse un tiempo para poder respirar. No llevaban una relación matrimonial convencional, nunca lo hicieron; ambos tenían la libertad de acostarse donde, cuando y con quien les apeteciera. Nunca volvieron a ser aquella pareja de enamorados que cruzó las puertas de la primera capilla que encontraron por el camino, vestidos como Olivia Newton-John y John Travolta; ella ya no llevaría pantalones de cuero negro, ni recorrería un par de estados en coche para volver a casarse. Ni con él ni con cualquier otro por mucho que le prometiesen el cielo y las estrellas.

Al igual que muchos otros, Harlow desconocía la existencia de Morningdale y del resto de internados encargados de la crianza de los clones hasta que se vió envuelta en todo aquello con la llegada de los chicos a Leeds. ¿Quién podía siquiera imaginar que algo así podía estar ocurriendo de verdad? ¿Quién le aseguraba a ella que todo aquello era real, que no iba a dejar su puesto de trabajo por haberse dejado engañar por la palabreria barata de aquel hombre que se interesó en su trabajo? ¿Una cámara oculta, un libreto de alguna nueva película? Fuera como fuese, ya no podía dar marcha atrás ni pensárselo una segunda vez; ya todo estaba hecho. Abandonó su puesto fijo en el hospital para formar parte del reducido grupo de personas que trabajaban con los clones en Leeds; su tarea era fácil a la par que sencilla, llevar un reconocimiento médico semanal. Velar por la salud del montón de muchachos que abordaron la ciudad no mucho tiempo atrás. Aquello significó, además de un cambio radical en su día a día, un aumento de salario, una considerable reducción de jornada que le permitiría pasar más tiempo con su hija y el estallido que provocó la separación con quien actualmente es todavía su marido.

·OTROS DATOS·

Gustos:
-El olor a hospital; a antihistamínicos.
-El café solo. Sin azúcar y recién hecho, gracias.
-Salir a correr por la mañana bien temprano. Continuar con una ducha de agua fría -sea invierno
o verano- y así empezar el día con el pie derecho. ¿No dicen que a quien madruga, Dios le ayuda?
-Andar descalza, dormir en camiseta y ocupar el colchón de látex que no necesitó pagar en cómodas cuotas.
-Los discos de vinilo; ni CD's, ni siquiera descargar música. No sirve para usar auriculares.
-Despertar un Sábado, a media mañana, con Ivy metida entre sus sábanas, jugueteando con su pelo.
-Los bombones rellenos de licor. Le da igual blanco, negro, que cuadrados o redondos.
-Los videojuegos. Entre más frikis son, mejor que mejor. Se descarga con el mando de la consola.
-El vino blanco, el Lambrusco. Una copita al llegar a casa, otra con la cena y a dormir.

Hobbies:
-Desde hace años no dispone del suficiente tiempo libre como para dedicarlo a
otra cosa que no sea el gimnasio, leer algo en la cama, dormir y, como no, Ivy.

Disgustos:
-Tener que esperar. Ya sea esperar por alguien que se retrasa o hacer cola en el supermercado.
-El tráfico mañanero de la ciudad que la obliga a gastarse un dineral en parkings todos los días.
-No poder dormir todo lo que ella desearía; desde hace un tiempo le cuesta conciliar el sueño.
-Los Jueves, la comida precocinada, sus vecinos, los niños -desde los 7 hasta los 40 años, vamos-.
-Verse obligada a ver la ropa interior del 99% de los adolescentes con los que se cruza por la calle.
-Los ascensores, el perfume, los programas de televisión que le hacen compañía por la noche.
-La forma de pensar que tienen mucho de sus actuales compañeros.
-Las canciones infantiles que la acompañan durante todos sus trayectos en coche. Desquiciantes.
-Los despertadores en general, pero el suyo más concretamente.
-Lus cuchicheos, murmuraciones. Hablar en voz baja... Mal asunto.
-El alcohol en exceso. Habla. Habla demasiado y luego se arrepiente.
-El matrimonio.

Miedos:
-Miedo al miedo. Al fin y al cabo es lo más razonable.

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Harlow E. Hadley
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Re: Harlow Eléa Hadley.

Mensaje por Harlow E. Hadley el Mar Mar 01, 2011 5:35 am

Venga, vamos. Dadme color ya ¬¬' xD
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Re: Harlow Eléa Hadley.

Mensaje por August Speltke el Mar Mar 01, 2011 8:54 am

Ficha aceptada. Bienvenida, esperamos te la pases bien (:.

No me apresures Neutral

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August Speltke
WHEN I HAVE FEARS THAT I MAY CEASE TO BE

A thing of beauty is a joy for ever:
Its loveliness increases; it will never
Pass into nothingness; but still will keep
A bower quiet for us, and a sleep
Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing.
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Re: Harlow Eléa Hadley.

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