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Señor, devuélveme la vida, te lo pido de rodillas. {Braxton}

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Señor, devuélveme la vida, te lo pido de rodillas. {Braxton}

Mensaje por Anastasia M. Boyle el Lun Mar 07, 2011 3:33 pm

St Martin in the fields; 6:52 PM.
No sentir. Anastasia se mostraba frente a la iglesia, sin entrar aún, mirando como entraban y salían. Ella, en completo silencio, sólo observaba sin atreverse aún a poner un pie dentro de esta. Solía ir allí todos los días, había una bonita cafetería donde tomar algo mientras esperaba el momento justo para, quizás, arrodillarse para rezar, unas cuantas palabras vanas que ella esperaba que en algún momento alguien escuchase. Suspiró mientras miraba a los niños reír, a las madres regañar, a las parejas amarse como nunca habían amado. Y a ella misma, para verse reflejada en un cristal absolutamente sola, para siempre y por siempre. Lo sabía y lo sabría por siempre, así que tampoco iba a decir nada al respecto, más que en su interior le ardían las entrañas de sólo recordar, recuerdos que ella estaba segura que acabarían por enloquecerla. Dejó que su mirada viajase de nuevo, de uno a otro, de otro a uno, cansada de ser quien era, cansada de la misma vida y temerosa a la misma muerte. Cruces extraños de sensaciones extrañas que la hacían enfurecer y explotar, sólo de vez en cuando. Recargó la espalda contra la pared acobardándose cuando una pareja salió riendo y besándose como si la vida les fuese en ello, amándose. Podría echarse a llorar, más no lo hizo, sólo intentó armarse de un valor que no tenía, por lo que la cosa no salió bien. Otro suspiro aquella tarde, y juraría que llevaba allí plantada más de una hora.

En realidad, aunque pareciese una absurda locura, era el procedimiento habitual. Pasarse un rato - nunca estaba claro cuando, a veces mucho, otras poco - frente a la puerta de la iglesia buscando una explicación que nunca llegaría. Clavando sus ojos frente a todos aquellos que decían tanto y a la vez tan poco... frente aquellas personas, que eran completamente ajenas a la locura y la presión en la que vivía Anastasia, la joven morena que se plantaba todos los días frente a la iglesia y que, cuando se cansaba, subía en búsqueda de un café caliente y la misma soledad en compañía tan absurda y a la vez tan reconfortante para ella. Ni siquiera se atrevía a sonreír, y es que juraría que jamás, desde que su marido había sido asesinado, desde que ella había cambiado, nadie había conseguido hacerla sonreír, ni nada, absolutamente. Iba a ser la hora. Ella lo sabía porque ya nada le llamaba la atención, era una sensación extraña pero ya no se fijaba en su alrededor, las parejas le daban igual, los niños ya no le daban envidia y las madres ya no la molestaban, era lo que estaba esperando desde que se había plantado allí, cual estatua mal colocada, frente a una puerta que pensaba penetrar. Se separó de la pared y caminó hacia delante. El cuerpo completamente rígido y los pasos parecían perfectamente calculados, ni uno más ni uno menos. La estatua, el cuerpo de metal pesado que se arrastraba por el asfalto para llegar hasta la puerta y poder sentir ese ambiente sagrado que sólo una iglesia puede despertar en el mismo humano. Cerró los ojos cuando su primer pie estuvo dentro para meter en otro y respiro profundamente aquel olor a incienso y velas, libertad, encierro y libertad.

Fue entonces cuando se sentó en uno de los bancos y volvió a cerrar los ojos uniendo sus manos para así dejar que su mente diese vueltas y vueltas a los recuerdos que esperaba que aquel lugar pudiese arrebatarle. Sabía que no sería así más ella siempre se sentía mejor allí, algo que la hacía sentirse bien. Pasaría allí unos cuentos minutos, ni siquiera sabía cuantos, al igual que fuera. Y después subiría a tomar un café caliente de aquellos que hacen arder las entrañas y que sientan de maravilla, pues el café allí era exquisito, y quizá, sin mentirte, en un principio lo único que llamó la atención a Ania de aquel lugar fue la cafetería, el té y las infusiones, más tarde, el carácter sagrado del lugar la impregnó por completo, dándose cuenta de que allí... se sentía bien. Ni siquiera se atrevía a abrir los ojos, se perdía entre recuerdos perturbantes que la hacían fruncir el ceño de vez en cuando y oír pasos a su alrededor, más nadie osaba molestarla, o eso era lo que realmente esperaba. Nadie la llamaba, nadie la atosigaba, nadie la ponía nerviosa, sólo ella y los recuerdos de algo que jamás debió pasar.

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Re: Señor, devuélveme la vida, te lo pido de rodillas. {Braxton}

Mensaje por Braxton S. DeKeyrel el Mar Mar 08, 2011 2:42 am

Religión. Un vano invento humano. Pero ciertamente era lo que nos hacía ser lo que éramos... unos seres con una imaginación enorme. Siempre es necesario creer en algo o en alguien –o por el contrario, negar la existencia de ese algo–. En fin... daba lo mismo; al pensar en eso no llegaba a nada interesante y, por lo tanto, no valía la pena regalarle demasiado tiempo de consideración. Los lentes que oscilaban sobre mi nariz comenzaron a estorbar una vez que la tarde llegó casi a su fin, así que los colgué de manera pulcra a mi playera negra. Algunas miradas recayeron sobre mí, la razón no era importante, sólo el hecho de quienes me dedicaban aquella ojeada. Una de mis cejas se arqueó mientras observaba a las mujeres que anteriormente me inspeccionaban –anteriormente porque, cuando les miré, desviaron los ojos... qué divertido–. Mis orbes les examinaron con poco pudor, hice una mueca y no pude evitar soltar una risotada.

Patéticas – comenté entre risas antes de seguir mi camino.

La tarde era aburrida y nada nuevo aparecía. Estaba a punto de rendirme, dejar de buscar a gente conocida y comenzar a socializar con la rubia de caderas anchas y piernas que eran perfectas candidatas para una buena clavada que caminaba contonéandose frente a mí, invitándome... sí, se veía flexible. Y justo cuando la maldita campana de la iglesia del señor –porque 'San' sonaba muy... asiático– Martin en los campos sonó tuve que voltear por la impresión que el repentino sonido me produjo y me quedé parado al reconocer a alguien. Pero si era mi víctima favorita Anastasia. Parecía esperar el momento oportuno para poder entrar al recinto. ¿Se sentía acaso demasiado impura para poder hacer acto de presencia de manera inmediata? Y bueno, ya tenía una pregunta, así que tenía que hacérsela saber para que me respondiera ella misma; no me gustaba juzgar a la gente, claro que no, así que si tenía una duda que resolver prefería acudir a ellos en persona. Con andar parsimonioso me acerqué y justo aprecié el momento en el que decidía entrar. Sonreí para mí y seguí mi camino hasta irrumpir en el lugar. Sólo esperaba ser quemado hasta las cenizas por mi falta de creencia hacia el Señor, con mayúscula inicial porque es importante... –PFFFF—.

Le observé por unos minutos, dejándola llenar sus sentidos de la energía positiva que una entidad que no existe le proporcionase. ¿Qué sería lo siguiente? ¿El espíritu santo le dejaría un regalito en el vientre? Tuve que carraspear para evitar soltar una risotada. Algunas personas que se encontraban junto a mí me dirigieron miradas de desaprobación. Suspiré, cansado y decidí acercarme al fin a la chica. Me senté junto a ella y mordí mi labio inferior con un tanto de impaciencia. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que entró al sagrado lugar? Bufé de manera sonora y recargué mis pies en el banco de delante. Pasé una mano por los hombros de Anastasia, sin importarme nada. Sólo esperé la reacción de la chica al sentir mis dedos rozar su clavícula. Oh, esto sí que sería divertido.
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Re: Señor, devuélveme la vida, te lo pido de rodillas. {Braxton}

Mensaje por Anastasia M. Boyle el Miér Mar 09, 2011 1:29 am

No había nadie más que ella y allí se sentía bien. De algún modo sabía buscar el perdón de alguien y ella sabía muy bien que la única persona - si es que así se le podía llamar - en el mismísimo universo que podría perdonara era Dios. Era quizá por eso por lo que se pasaba por allí todos los días y no por los bollos y el té que servían más arriba, en la bonita cafetería. Aunque el olor a iglesia siempre seguía presente, claro. Aunque a ella no le importaba, como he dicho lo único que buscaba era un perdón que ella misma no podía darse y que quizá el Señor, que era todo poderoso y que en los cielos residía podría dárselo de algún modo. Cerró los ojos dejándose llevar por los desgarradores recuerdos que la hacían querer perder la mismísima razón sólo de pensar, de recordar, de sentir. Su corazón iba realmente rápido a la vez que el sol caía en la ciudad. Dejó escapar un suspiro de sus labios. Pasaría allí todo el tiempo que hiciese falta hasta que ella misma se diese por satisfecha al sentirse completamente limpia por lo que de día restaba, era lo que hacía todos y cada uno de los segundos de su vida, buscar esa parte que quedaba limpia tras la iglesia en el intento de dejar de martirizarse, aunque sólo fuese por unos instantes. Y entre sus respiros y su tranquilidad, alguien osó molestarla, alguien quiso, en aquel mismo instante, hacerla desaparecer de aquel mundo en el que estaba metida y devolverla a la realidad, alguien, la había tocado.

- ¡N-no me toques! - gritó, asustada y perdida, desde que había cambiado no soportaba que la tocasen. Aún no había podido ver quien era puesto que su corazón se había acelerado y toda la iglesia se había girado hacia ella culpa del grito que había llamado su atención. Braxton, allí frente a sus ojos, con esa sonrisa burlona tan característica suya y esas misma diversión aterrada en si misma, tensa ya frígida Anastasia. Su corazón se había acelerado y estaba realmente asustada. Ya no soportaba el contacto físico y lo peor de todo es que él lo sabía. Sus ojos color miel se clavaron en el hombre, sentado en uno de los bancos con los pies en el otro, completamente acomodado, parecía no darse ni siquiera cuenta de que se encontraba en un lugar sagrado y no es su propia casa. La muchacha frunció el ceño unos segundos cuando consiguió calmarse y no le dirigió una palabra más. Todos los que conocían a Anastasia sabían que ella no hablaba, y si lo hacía era simplemente porque le había dado uno de sus ataques de ira o simplemente era importante hacerlo. Es por eso que se dio la vuelta buscando con la mirada las escaleras hacia aquella magnifica y sagrada cafetería donde se alejaría de Braxton y de su desafortunado encuentro, o por lo menos era lo que esperaba, lo que deseaba y lo que quería, era lo que de alguna manera necesitaba.

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Re: Señor, devuélveme la vida, te lo pido de rodillas. {Braxton}

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