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Éste es mí santuario, ¿qué haces tú aquí? » JoeyW.

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Éste es mí santuario, ¿qué haces tú aquí? » JoeyW.

Mensaje por Eloise M. Windflower el Jue Mar 03, 2011 9:14 am

jueves, tres de marzo; 08:30.
Aquella mañana se había despertado temprano, como cada día de lunes a viernes hacía dos años. Ya no le costaba levantarse de la cálida y suave protección de su cama. Ya no protestaba si tenía que despertar antes de las diez de la mañana. Es más, ahora ella misma estaba empeñada es comenzar el día con el sol, temprano. Lo único que necesitaba para ser persona era un simple capuccino. El café... no le gustaba del todo, prefería el capuccino. Siempre preferiría el capuccino, y no había nada que pudiera cambiar aquello. Sin embargo, esa mañana fría, al abrir las puertas de las alacenas de la cocina de su pequeña cocina se encontró con el terror. Sí, el terror. No había más capuccino, y como no compraba café nunca entonces tampoco había café. No tenía posibilidades de ser persona si aquella "descarga" de cafeína. Necesitaba, realmente necesitaba, ésa mínima (pero más que suficiente) cantidad de cafeína. Para espabilarse, para que su cerebro funcione. Especialmente ese día, ése lunes que por fin iría después de dos largos meses a la maravillosa National Gallery. Claro que había ido antes, pero tenía como costumbre ir una vez por semana. Extrañaba demasiado aquella magnífica edificación, aquel blanco de las paredes y columnas, y, por sobre todas las cosas, las maravillas que se escondían dentro. ¡Ésas obras eran... lo mejor de lo mejor! Gracias a Dios que existe Hard Rock Café, gracias a Dios que está de camino, pensaba mientras arrastraba sus pies cubiertos por calcetines grises, viejos, hacia su habitación. Diez minutos fue lo que tardó en vestirse, y cinco en lavarse los dientes, peinarse y lavarse la cara. Luego, salió de su pequeño y poco monótono departamento.

Caminó con una sonrisa en el rostro, a pesar de las ojeras que con seguridad debía de tener, todo el trecho desde su hogar hasta el café más concurrido de la ciudad. No se demoró demasiado en comprar lo que quería comprar, y en cuestión de diez minutos ya estaba caminando alegremente hacia National Gallery, con el estómago lleno de mariposillas eternamente aleteantes. Emoción pura y dura, compacta, latente. Mientras cerraba los ojos en un gesto de placer al beber de a sorbitos su capuccino, pensaba en cómo estaría su familia. No debería de importarle, sinceramente no debería importarle en lo más mínimo. Pero le importaba, y mucho. No podía evitarlo, era algo que ya venía de fábrica con ella. Pensó, especialmente, en Gerard y James, sus hermanos mayores, sus mejores amigos, parte del "trío Windflower". Más bien, parte del "trío de los descarriados Windflower". Pensó en la gélida mirada que había recibido de parte de sus abuelos, y cómo se había sentido tener las cuchillas negras de Ulises Windflower clavadas exclusivamente sobre ella. Su abuelo nunca había sido famoso por su paciencia, y mucho menos por su tolerancia.Tan pronto como tomó cuenta de hacia dónde iban sus pensamientos, decidió dejarlos de lado. Muy lejos, lo más lejos posible de ella. ¡Era feliz! Por primera vez en su vida era feliz, y se sentía bien, y libre. Era libre. Adorable y fantásticamente libre. Punto final, tenía que disfrutarlo de una maldita vez y dejarse ser. Y ya.

Contempló la fachada del edificio en silencio, incapáz de decir palabras... o de estar acompañada por alguien como para que la escuche. Daba igual. Se sentía en casa, se sentía bien. Como esa noche, hacía dos años atrás, mientras viajaba desde Londres hacia Leeds y simplemente sonreía como una estúpida. Subió paso a paso las escaleras blancas, que parecían infinitas pero que ella tenía en claro que no lo eran. Tenían fin, tenían un fin, y exactamente al final de aquellas escaleras eternas se encontraba lo que la morena de ojos azules buscaba: arte. Paz. Libertad. Color.
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Re: Éste es mí santuario, ¿qué haces tú aquí? » JoeyW.

Mensaje por Joey R. Woolf el Jue Mar 03, 2011 3:49 pm

¿Qué hacia levantado tan temprano? Se tendría que decir que apenas había dormido o mejor dicho, no había dormido nada. Y ahí estaba tan despierto como si hubiera dormido las ocho horas, nadie diría que él no había dormido nada, si no fueran por aquellas ojeras que se le habían presentado para delatarle, pero que intentaba disimularlas con una gafa que al final la dejó en el mismo lugar donde la había cogido. Además de que dentro de su interior tenía aunque mejor dicho, tiene sueño. Lo malo es que si se tiraba a la cama a dormir y el sueño le vence, al final acabaría levantándose tan tarde por buen dormilón que era. Lo que si hizo fue desayunar algo más temprano para así terminar por despertarse y lavarse el rostro. Ya que estaba despierto quería aprovechar aquella mañana en dar una vuelta y disfrutar de aquella gran mañana. Sin embargo, hacía frío, la pereza le dominaba un poco pero al final con algo de fuerza de voluntad, salió a la calle bien abrigado. Hoy no tenía muchos planes, además no tenía ni siquiera previsto que anoche se quedaría con su hermano bebiendo un poco. Tal vez no le gustaba hacer planes o simplemente consideraba los días sin ningún plan el mejor de todos. Caminaba con las manos enterradas en la chaqueta refugiándolas de aquel frío y no tenerlas tan congeladas. Al caminar tan temprano por aquellas calles y sin tener que pensar a donde ir, le sentaba bastante bien, porque no tenía que pensar que llegaría tarde al lugar donde había quedado, ni siquiera tener tantas prisas, solo dejarse llevar por el buen tiempo y sus piernas le iban a guiar a algún lugar en concreto. No estaba preocupado por ello caminaba tan tranquilamente, observando a todas las personas que se presentaban delante de él. Viendo como muchas iban tan apuradas y otras tomando su café tan tranquilamente. Del mismo modo, personas sentada en alguna terraza hablando de sus cosas o simplemente cotilleando, otros en cambio tenían a sus hijos cogidos de las manos para llevarle al colegio y después irse a trabajar. Por otro lado, teníamos el sonido del tráfico que siempre estaba presente, y al entrar dentro de un parque se escuchaban los sonidos lejanos como también el cantar de algún pajarito en una de las ramas o ver como salían a volar. Se podía escuchar muchas cosas si se estaba tan pendiente a ellas.

Al final sus piernas le llevaron hasta el National Gallery. Como antes se había mencionado no tenía previsto hacer nada para este día, y verse de pie en frente aquel edificio le entraron deseos de empaparse de arte esa misma mañana. Así que no se lo pensó, solo entro y empezó a subir aquellas grandes escaleras con tanta serenidad hasta llegar donde se encontraba aquellas grandes pinturas. Era un lindo lugar para despejarse y pasar un rato tranquilo mientras se veían los cuadros. Poco después se quedo de pies en una de las obras de Velásquez, concretamente aquella que todos consideran la joya del museo: La venus del espejo.
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Re: Éste es mí santuario, ¿qué haces tú aquí? » JoeyW.

Mensaje por Eloise M. Windflower el Vie Mar 04, 2011 6:40 pm

Arte. Paz. Libertad. Color. Exactamente lo que sintió dentro de sí misma al verse frente a frente con la gran entrada que tantas veces había traspasado. Se sentía casi como una suave caricia en sus brazos de hombros pecosos el caminar, lenta y ruidosamente, para llegar a aquella simple y realmente fantástica puerta. No, la verdad es que ésa puerta doble no tenía nada especial. Ninguna marca, ninguna historia que pueda contarse de ese pedazo de madera que cumplía una función. Al menos, a simple vista. Quién sabe qué cosas vió esa puerta pensaba la morena mientras, sin darse cuenta, ya estaba recorriendo la galería, lentamente. Mirando una a una las obras que se presentaban allí. Dejaba de caminar, y se detenía a observar detenidamente cada pintura. Intentando descifrar lo que el artista que la había creado había querido mostrar. Muchas veces Eloise comparaba las pinturas, el arte en sí mismo, con las fábulas. Tenían mensajes ocultos y cada persona que las veía encontraba uno diferente. Tristeza, alegría, soledad, desaliento, libertad... Era una cuestión muy privada, según las vivencias de cada espectador.
Los ojos azules de la chica encontraron una obra especial. La Venus del espejo. Tenía un encanto especial, y Eloise tenía un cariño especial por esa pintura en particular. Se acercó, lentamente, hasta situarse exactamente frente a la magnífica obra. Recorrió suavemente con la mirada aquella auténtica obra de arte. Era... fantástica. Era total y completamente bellísima. Admiraba a Velásquez sólo por haber retratado a aquella mujer con un espejo, aunque tenía sus dudas con respecto al mensaje oculto en la pintura. ¿Así era como veían los hombres a las mujeres? ¿Como a Venus? ¿O tal vez sólo retrataba la soberbia y superficialidad de aquella mujer? ¿La belleza de lo simple, de las mujeres en sí? ¿Qué quería mostrar? Los ojos azules enfocados solamente en la mujer, en la Venus, y en el espejo, Eloise fruncía el ceño mientras que simplemente ignoraba el mundo a su alrededor. Todo se veía difuminado, y la chica se concentraba únicamente en buscarle una respuesta a sus preguntas mentales. Pero no encontraba aquello que buscaba, por más que se esforzaba. Intentaba, en serio que sí, pero por alguna razón siempre que se iba de National Gallery terminaba sin saber lo que quería decir, el mensaje oculto en la pintura de aquella mujer en el espejo. Y, en el fondo, siempre terminaba volviendo por esa misma razón, pues las demás pinturas le inspiraban exactamente lo que le inspiraron la primera vez que las observó. En cambio, la Venus en el espejo no era así. Esa pintura le inspiraba muchas cosas a la vez, y, se dijo, ésa era la razón por la cual la creía magníficamente bella.
Ladeó suavemente la cabeza, mirando la pintura con curiosidad, mientras que sus ojos se entrecerraban ligeramente, analíticos. No se rendía con facilidad, pero pestañeó rápidamente, varias veces, para volver a la realidad. Miro a un lado y al otro. No estaba sola observando ésa obra. Y, curiosamente, la persona que se encontraba ahí le resultaba conocida. Pero... ¿de dónde? ¿De dónde se le hacía conocida si...? Ah, ya. Ya sabía de dónde. Joey. Era Joey. Claro. Esbozó una sonrisa, mientras se acercaba hasta donde se encontraba el chico. -Entonces, ¿qué te parece?- preguntó con suavidad. Ni siquiera lo había saludado, pero la verdad era que no podía pensar demasiado. Entre las preguntas sobre la obra y el encuentro fortuito con Joey, sus labios no podían pronunciar un simple "buenos días".
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